Un Domingo cualquiera

Aún recuerdo esos días de calor intensa,

no se si era casualidad o no pero normalmente ese calor sofocante se dejaba notar más el último día de la semana.

Despertar cada domingo con las primeras luces del alba acompañada de calor húmedo al ritmo del canto de los pajaritos cucaracheros dejando ir la mirada hacia la ventana de la habitación desde allí se podía ver el árbol de mango, de guayaba junto a los destellos solares que nos avisaban de esos maravillosos 30-37 grados esplendorosos en medio día.

A las diez de la mañana todos buscában cobijo bajo la sombra del árbol de mango, ya dentro de casa no se puede estar y esa codiciada sombra se convertía en la sala de cine más bonita del mundo con la televisión a sus pies, de butacas una o dos hamacas de dos metros diez, con el volumen fuerte porque entre los pájaros y los niños que jugaban en la calle no se podía escuchar el programa dominical “Bitácora” donde recorrían todo el país descubriendo sus rincones más emblemáticos y despertando esa curiosidad por seguir sus pasos mientras dejaba volar la imaginación que iba desde Auyantepui hasta las orillas de Cuyagua. Ese reino de aventuras en mochila entre mamones, pesguas, cacao, cariaquito morado, la perinola y ponsigué.

Estas aventuras cada año se cumplían.

A todas estas estacionaba la mochila y regresaba a la realidad ya pensando en la comida que por regla general solía ser sagrado un buen caldo, por muy inverosímil que parezca el hecho de sudar mientras comes una sopa donde la temperatura ambiental se aproxima y pasa de los 35 grados con una humedad casi del cien por cien pero de repente se asoma una brisa que te refresca cada centímetro del cuerpo es una sensación placentera, indescriptible, sublime, única, vida.

Los domingos parecían eternos, no acababan nunca, el cielo tenía un color más intenso, domingos de amor y odio, domingos de lluvias tropical inesperada, deseada, nocturna.

En hora punta donde el sol está en su pleno apogeo caminar cien metros y sudar la gota gorda es todo una escena de belleza fisiológica, fascinantemente bucólica.

El calor y los domingos siempre nos esperan.

Que vivan esos domingos cualquiera, que vivan los recuerdos.

🌸MundiPra🌸

3 comentarios en “Un Domingo cualquiera

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