En París

Una escapada a París solo para mi.

Esos momentos en los que me apetece estar sola, conocer lugares nuevos, aprender de culturas diferentes y desconectar del estrés cotidiano que tiene vivir en el llamado “Primer mundo”

(lo digo por que me apetecía meterme con alguien) o simplemente hacer una escapada para estar conmigo.

Nada más subir al avión ya hago amigos, conozco una parejita la cual empatizamos muy rápido, vamos todo el camino hablando y compartiendo las expectativas que tenemos sobre nuestro viaje. Llegamos a París y parece que seamos amigos de toda la vida, nuestros hoteles cerca uno del otro. Preparamos Tour por la ciudad todos juntos, conocemos más gente, todo va transcurriendo con frenesí, risas, fotos, paseos pero sobretodo con el encantó tan particular que tiene esa bella ciudad.

Entre los campos Elíseos y el arco del triunfo un chico me pide que le haga una foto, desde ese mismo momento ya fuimos inseparables él de New York y yo de varias tierras pero de una en concreto, en fin ciudadanos del mundo, los dos que nos encontramos en el.

Como dignos protagonistas del jorobado de Notre Dame (Esmeralda y Quasimodo) paseando por las calles parisinas. Del museo del Louvre a la catedral de Montmartre de Pompidou a la Torre Eiffel, todo esto mientras recordabamos con entrañable anhelo aquellos tiempos del Moulin Rouge con Edith Piaf, George Moustaki contando con gran fervor la vida en rosa, Le métèque o mi querida Ma Liberté. Nos impregnamos de la esencia parisina tomamos un café a la ribera del río Sena, no pensamos en nada, para nosotros no existe el pasado y el futuro no tiene manos ni pies. El momento es nuestro nos cogemos de la mano y subimos a la torre Eiffel.

Días esplendorosos, soleados, lindos, otoñales. Las noches eran cálidas-frías, de luna llena, cenas,reflexiones, vidas todas diferentes pero con un objetivo común

disfrutar y vivir

sólo eso… contemplando las irresistibles vistas del atardecer desde la basílica del Sacré Coeur con el viento a favor y el cielo despejado, la ciudad y su majestuosidad.

Un día me pierdo muy encantada por las callejuelas de barrio latino, fue perfecto, tiendas, música en cada esquina, bohemia total. Ya media tarde, sin batería en el móvil pero una terraza maravillosa de un restaurant me esperaba con vino tinto, quiche lorraine, una crepe dulce para acompañar.

Último paseo nocturno a las orillas de Sena me hacen recordar que no todo es tan imprescindible como creemos.

Desde el puente Alejandro III nos dejamos acariciar por el aroma de felicidad que embarga cada acción en ese momento, mientras hacemos el ritual de la despedida con alegría y la esperanza de volver a encontrarnos todos algún día. Vamos caminando, cada quién se va por su camino, el que les llevará hasta donde sus vidas continúan.

De fondo el obelisco de la plaza de la concordia dice hasta pronto queridos aventureros y la dama de hierro con gran elegancia ilumina nuestros pasos…

Bonne nuit París

À bientôt!

5 comentarios en “En París

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